«El mejor jugador son todos juntos» Alfredo Di Stéfano 

La palabra superorganismo se utiliza en biología y ecología para resumir una forma de ver la naturaleza de la sociedad. Es aplicada en himenópteros como las abejas, las hormigas y avispas, así como las termitas (blatodeos más cercanos a las cucarachas que a las hormigas), todos ellos insectos sociales. Es un concepto sociobiológico que se refiere a una organización social, como una comunidad, que trasciende los organismos biológicos que la componen.

Hay numerosos ejemplos de equipos deportivos épicos que funcionaron a su máxima expresión como un superorganismo; el Barcelona de Guardiola, El Lanús de Almirón, La Selección Arg. de 1986, La generación dorada Arg. de Básquet, etc. Son superestructuras de comunicación y funcionalidades específicas y grupales.

Habitualmente, cuando se trabaja con sistemas, encontramos dos tipos, sistemas simples y sistemas complejos. En el caso de la biología, o en nuestro caso particular, el trabajo con personas, deportistas de conjunto o deportistas individuales, está en el obvio caso de un sistema complejo.

Un equipo, de número variable de jugadores según el deporte, representa un sistema complejo, un sistema en el que sus miembros interactúan de formas diversas. En un equipo ya formado, con algún tiempo de experiencia conjunta, estas interacciones están delimitadas, son precisas, son interacciones aprendidas en el proceso de entrenamiento, tienen carácter estereotipado; en un grupo que cuyos miembros no se conocen aún, este campo de interacción es más amplio, y por lo tanto, más caótico, más impredecible.

Sin embargo, a través de un elemento común (una pelota, las reglas básicas), estas interacciones rápidamente tienden a delimitarse, sobre todo en los aspectos formales y las pautas temporales que constituyen el comportamiento de equipo.

Es interesante destacar que esta tendencia a cierto orden básico surge espontáneamente, con o sin la presencia de un profesor, es decir con o sin indicaciones externas.

¿Qué ocurre con los individuos en un grupo? Desarrollan lo que se conoce como conductas colectivas, las conductas mutan de individuales a sociales, con leyes propias según el tipo de actividad que se realice.

Ahora bien, los grupos humanos son temporales, y en nuestro caso, los equipos deportivos, esta temporalidad está pautada de antemano: entrenamientos y competencia representan los dos principales momentos de conducta colectiva. Por supuesto que existen otros momentos de comunión, en general vinculados a los valores sociales que representan las entidades deportivas, con las que los jugadores se identifican, pero nos interesa analizar específicamente las conductas de juego deportivo.  

Cuando los individuos forman un grupo, un equipo de 5 u 11 jugadores, unidos por un deseo común, reacciona como una unidad con 5 u 11 cabezas, como un gran organismo formado a partir de organismos individuales, las personas. Se ingresa a una nueva realidad, por un tiempo acotado, en el que rige una lógica diferente, en donde los comportamientos responden a una mente de grupo.

En equipos evolucionados, se desarrolla un poder de comunicación increíble entre los jugadores, una comunicación que se ve en la capacidad de anticipación situacional.

El campo de juego define un espacio, compartido por dos grupos antagónicos con igual fin, marcar un tanto en el arco contrario. Por supuesto, el objetivo es ganar, pero dentro del campo se actúa en forma secuencial, por actos parciales, en donde un tanto representa una ventaja, y permite « diseñar » la dinámica del juego.

El campo de juego es el espacio en el que cada integrante de cada equipo entra en resonancia con el resto de sus compañeros y define posesiones espaciales transitorias que le permiten tener la iniciativa, a través del desplazamiento multidireccional simultáneo en el que se dan al unísono diferentes tácticas de juego (amagues, cambios de dirección del frente de juego, etc) con el objetivo de romper la simetría inicial.

¿Qué diferencia a un gran equipo de uno mediocre?

Los procesos de transferencia de pensamiento son más rápidos, y definen más rápidamente un pensamiento simultáneo. Expliquemos esto de manera simple: si un equipo es una unidad con 5 cabezas (en fútbol o basquet, por ejemplo) entonces cada cabeza piensa como todo el equipo. Si una situación de juego puede ser « vista » por cada jugador desde diferentes posiciones, y a su vez, cada jugador puede integrar su posición con respecto a la de sus compañeros y los contrarios, entonces cada decisión personal responde a una visión de conjunto.

Este nivel organizativo, conocido en biología como campo mórfico, son la base de los patrones de conducta de bancos de peces, especialmente en respuesta a predadores, como la expansión en destello por ejemplo: los peces salen disparados del centro del banco cuando el grupo es atacado, en un tiempo increíble, la quinceava parte de un segundo, y donde cada pez « sabe » hacia donde debe dirigirse, y hacia donde se dirigen los demás, un comportamiento defensivo de alta eficacia. De este tipo de comportamiento, visible también en aves y mamíferos, deriva el nombre de superorganismo.     

La pregunta obvia es ¿podemos desarrollar un equipo deportivo como si fuera un superorganismo?  

En el prolongado proceso de desarrollo infantil del que surgen las conductas adultas, el juego cumple un rol relevante con respecto a la exploración espacial y al desarrollo de conductas sociales. El juego es una interacción entre nuestra realidad psíquica y la experiencia concreta.

«En el juego, y solo en el juego, el individuo, infantil o adulto, puede ser creativo y hacer uso de toda su personalidad» (cita de «La evolución de la complejidad» de Brian Goodwin)

La cantidad de energía que consume el juego en el proceso de desarrollo en los animales superiores, incluido el hombre, solo es comparable a la energía utilizada en la acción deportiva. Tanto el juego de desarrollo como el juego deportivo son una actividad lúdica, la diferencia reside en las conductas específicas: en el juego de desarrollo se dan toda clase de movimientos en secuencias impredecibles, mientras que en el juego deportivo las secuencias de movimiento son aprendidas y los procesos metodológicos se caracterizan por contener una gran cantidad de elementos repetitivos. De hecho, la técnica deportiva necesita de la repetición para ser asimilada. Ahora, ¿qué ocurre con la creación personal en este proceso?

Cuanto más compleja es una situación dada (de juego deportivo, claro), más posibilidades de movimiento pueden emerger. A diferencia de los deportes individuales, en los deportes de conjunto las posibilidades de movimiento son muy amplias. La creación deportiva es una conducta emergente, es el resultado del análisis en tiempo real de juego de todas las posibilidades, no es más que un proceso de selección natural en un contexto cooperativo, el equipo.

La pregunta queda planteada: ¿cuánto debe tener de puro juego un proceso metodológico que permita el desarrollo de una «mente de grupo» de la creación como hábito?

Como se ha dicho en la historia, el hombre se hace a sí mismo, creándose a partir del mundo en el que está inmerso y del cual participa.

El valor de un equipo reside, más que en sus resultados inmediatos, en su existencia.