El nivel de integración del surf con la naturaleza define los modos de acceso a lo que debemos llamar entrenamiento.

A diferencia del resto de los deportes, el impulso vital que nos mueve es otro, marcado por la libertad.

Mientras en cualquier práctica deportiva el campo de juego tiene dimensiones preestablecidas e inmodificables, por nombrar solo un aspecto, el campo de acción de un surfista es la naturaleza en estado puro.

Las olas todavía no fueron modificadas por la acción humana, siempre están ahí, y nunca son las mismas.
Un surfista no ve el entrenamiento como entrenamiento, la técnica se forja desde la acción directa, el surf implica observar y esperar, con un margen mínimo de tiempo para la acción.

La organización del entrenamiento, una necesidad dada hoy por la evolución competitiva de este deporte, debe tener en cuenta este aspecto, el entrenamiento de un surfista debe planificarse como un hecho integral.
El concepto usual de preparación física no es válido en este contexto, ¿debe correr un surfista, o realizar tareas de gimnasio?.
La respuesta es si, puede hacerlo, y seguramente recibirá alguna mejora en su rendimiento físico por eso, pero ¿que ocurre con los procesos de transferencia?.

Hablar de preparación física implica hablar, y dominar, el conocimiento de los procesos que hacen que una carga de entrenamiento físico se integre en un nivel superior, el de la acción específica sobre la tabla.
Estamos hablando de evolución, y la evolución tiene relación directa con la especificidad medioambiental. No tiene sentido evolutivo fragmentar la unidad surfista-mar y si desarrollar modos de entrenamiento que partan desde esta totalidad.