¿Que es la Técnica? 

Posibilidades  metodológicas

Habitualmente, los procesos metodológicos vinculados a la técnica deportiva resultan de un desglosamiento, la parcialización en términos descriptivos de lo que podríamos llamar los aspectos puramente formales de la técnica, la descripción del movimiento, en función de la totalidad del gesto.

Así entonces, se desarrollan una gran variedad de formas de movimiento semejantes a los gestos parciales, que luego concatenados definen el gesto técnico completo.

Es común escuchar -y por otra parte es recomendable- que técnica no debe definirse a edades tempranas, por una cuestión de madurez tanto motora como fisiológica, pero nunca está muy claro cual es el nivel de dominio técnico que corresponde a cada etapa.

Si a esto le sumamos que los deportes de conjunto proponen en cada situación de juego (esta es una palabra importante) una situación nueva, semejante a otras ya vividas, pero nueva, un conflicto témporo-espacial, afectivo, representacional, entonces el espacio de lo técnico es también el de la creación, la novedad, del enriquecimiento del bagaje motor individual y por una extensión osmótica, del resto del equipo, en tanto este funcione como supranivel sin perjuicio de las posibilidades individuales.

Ahora bien, la asimilación de un complejo técnico es un proceso individual, condicionado por el momento histórico personal (variables afectivas, sociales, fisiológicas y un largo etc.), susceptible a la cantidad y variedad de estímulos y en el que tiene una importancia capital la referencia motora básica, esto es el núcleo del gesto deportivo, un complejo psicomotor, temporoespacial, generador de nuevas conductas, y este es un aspecto crucial en la formación de un deportista.

¿Cómo sabemos que un gesto técnico -en el nivel de desarrollo que corresponda- es asimilado? o, para formularlo de una manera más específica, ¿Cuándo tenemos la seguridad de la transferencia del gesto desarrollado metodológicamente al gesto deportivo real? Quizá sea una pregunta ambiciosa, teniendo en cuenta que el gesto deportivo real solo existe en la competencia, situación que podríamos llamar multiespecífica, ya que se trata de una zona de confluencia de una cantidad inevitable de variables de rendimiento, de distinto peso según el nivel de desarrollo, pero inevitables.

El entrenamiento, por el contrario, es una zona de variables de rendimiento conocidas y controladas -de acuerdo a la capacidad del entrenador, claro- y con un alto grado de dirección de los estímulos.

Bien, tenemos definidas dos zonas muy claras: zona de competencia y zona de entrenamiento, la primera de resolución personal, de todo o nada -cada situación de juego se resuelve o no se resuelve- y la segunda, de resolución personal- grupal en los deportes de conjunto, pero de múltiples posibilidades para la misma situación.

Está claro entonces que en la competencia, las situaciones de juego se imponen, mientras que en los entrenamientos pueden elegirse, una diferencia obvia, claro, pero muy poco aprovechada metodológicamente.

Ahora bien, ¿Qué significa, metodológicamente hablando, un alto grado de dirección de los estímulos? Significa, desde la perspectiva del entrenador, el encastre perfecto entre lo por el esperado y la respuesta de sus alumnos, y desde una perspectiva psicomotora la búsqueda de una respuesta posible para un estímulo coherente con el momento histórico.

Definir la secuencia y el nivel de complejidad de los estímulos es imposible (si pretenden ser correctos y no convertirse en pérdida de tiempo y dinero), sin el manejo de pautas psicomotoras, y es de efectividad limitada si estos estímulos no se adaptan a las novedades generadas por los alumnos durante la totalidad del proceso (otra obviedad). Más adelante volveremos sobre el concepto de novedad.

Pero tenemos suerte. A esta altura de los tiempos tenemos el legado de generaciones de deportistas y entrenadores que definieron leyes, principios, programas, que son la base de la que hoy partimos, además de la permanente tarea de investigación fisiológica, el soporte de la comunidad médica, los estados invierten millones en investigación en todas las áreas deportivas, los intereses privados otro tanto en esponsorización, solo por citar algunos aspectos.

En este grado de desarrollo deportivo, sin embargo, las propuestas metodológicas de buena parte de la población deportiva es por lo menos pobre. Está claro que no puede pedírsele a un profesor o entrenador que conozca de neurología, fisiología, biomecánica, técnica, entrenamiento, psicomotricidad, psicología, etc, y más aún, el como se relacionan todas estas áreas del deporte en un momento específico dado, pero un programa metodológico que se precie no puede prescindir de ninguna de ellas.

Es indispensable el desarrollo de una visión simultánea, integradora de todos los aspectos que concurren en la ejecución de un gesto deportivo, y el visionario debe ser el entrenador, claro está. En otro momento discutiremos sobre la dirección de la mirada del entrenador y su rol de facilitador en los procesos de aprendizaje.

Una pregunta importante: ¿Por dónde se inicia un proceso de enseñanza? Una respuesta posible: por donde más interés tenga el alumno. ¿Por qué?, porque existe un deseo previo, una necesidad de una acción específica, porque sentiré placer si consigo resolver  un gesto y a través de esa acción efectiva generaré un vínculo, seré reconocido, existiré, formaré parte de algo que excede mi individualidad, perteneceré a ese deporte.

Facilitar un vínculo afectivo fuerte con un deporte, cuanto antes mejor, la primer gran tarea del entrenador con su alumno, una condición indispensable para el desarrollo de perspectivas en el tiempo.

El vínculo deportivo temprano es una tarea con un alto grado de dirección de los estímulos, conseguido esto, todo lo demás es posible, es solo cuestión de tiempo. El deseo genera, por encima de lo racional, esa conducta tan deportiva: más rápido, más fuerte, más alto; no se trata ni más ni menos que del desarrollo dirigido de conductas intrínsecamente humanas.

El proceso metodológico continúa remontándonos a las fuentes: conductas motoras básicas. Todos los gestos conocidos se sobreimprimen sobre el correr, el saltar, el lanzar.

Definir un estado motor básico, esto es el nivel de inteligencia motora, la capacidad cinestésica de un individuo es aquello que permite entrar, más tarde o más temprano en el núcleo de la técnica deportiva, nuestra siguiente etapa.

Definamos con simplicidad núcleo de la técnica: se trata de una gestualidad espécifica con diferente nivel de efectividad témporo-espacial según el grado de desarrollo psicomotor, siempre mejorable. Esta gestualidad específica se da en torno a un  modelo de conductas y gestos determinados por las características esenciales del deporte en cuestión, siendo la técnica deportiva un complejo neuromuscular con alto nivel de especificidad dirigido a una finalidad.

Los tejidos biológicos son a la técnica como un palimpsesto en el que se graban una sobre otra a lo largo del tiempo las modificaciones celulares que hacen posible la evolución de la perfomance deportiva.

Pero la técnica no debe realizarse correctamente per sé, siempre tiene un objetivo que excede el  propio cuerpo, el cuerpo es instrumento de la técnica y la técnica es el vehículo de una conducta específica, grupal o individual, cuyo último fin es una abstracción, ganar. Y entorno a esa abstracción se mueven un increíble número de personas, intereses, dinero, emociones, deseos, en forma cíclica y aparentemente inagotable, por lo que no parece un asunto menor el intento de definir una manera efectiva de aprendizaje.

El núcleo de la técnica son aquellos gestos que, anclados en las conductas motoras básicas, son puente entre éstas y las conductas motoras específicas, gestos que contienen la esencia de la técnica ideal y que deben guiar todo el proceso de desarrollo psicomotor hacia una forma neuromuscular óptima, siempre mejorable.

Como pudo verse, en todo este proceso el entrenador juega un rol de enorme importancia, ya que por su mirada pasan no solo la verificación de sus planteos metodológicos sino algo mucho más difícil de ver: la resolución de situaciones deportivas en términos de singularidad. ¿De qué se trata? Ante el planteo de un problema, un número amplio de alumnos responderá según lo esperado, o en una zona cercana a lo esperado, pero en algunas circunstancias, algún alumno en particular generará una respuesta en un nivel superior, una resolución témporoespacial diferente, producto de un pico en el desarrollo, sinapsis recientes que abren nuevos caminos, un cambio brusco en la calidad de los estímulos, y debe buscarse rápidamente la transferencia de esa visión al resto del equipo.

Los procesos neurológicos vinculados a la técnica operan por saltos de nivel, y la metodología debe seguir esa tendencia.