Este apartado es producto de la investigación y mas de 20 años de experiencia de campo

La práctica deportiva es una de las principales herramientas de evolución personal y la promoción de la salud con la que cuenta una sociedad.

Según una definición de la OMS, actualizada por las Cátedras de Salud Pública y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UBA, salud es una “situación de relativo bienestar físico, psíquico y social, el máximo relativo posible en cada momento histórico y circunstancia sociocultural determinada, considerando que dicha situación es producto de la interacción permanente y recíprocamente transformadora entre el individuo (entidad bio-psico-socio-cultural) y su ambiente (entidad físico-química-psico-socio-cultural)”.

Salud es un proceso continuo, movimiento, construcción, retroalimentación permanente entre un individuo y su entorno. Las prácticas deportivas asociadas a la competencia temprana, que manejan criterios de AR en edades infantiles, no necesariamente contemplan este proceso.

La percepción general no asocia al deporte de AR con la idea de salud, lo que es justificado de hecho por las prácticas que imperan en el medio deportivo.

A su vez, los medios de comunicación legitiman la existencia del deporte de AR a través de su conversión a espectáculo, lo que lo transforma automáticamente en un bien de consumo.

En líneas generales, podemos decir que el deporte argentino es una de las áreas menos evolucionadas, en comparación con la evolución de las ciencias médicas y sociales –con las que el deporte tiene vínculos inevitables- situación visible tanto en las marcas deportivas (tiempos, distancias, récords) como en la imposibilidad de proyección generacional, basta con mirar los medalleros olímpicos, la legitimación estatal de una política de AR.

Mientras, el deporte espectáculo está plagado de figuras fetiche, que inevitablemente generan identificación en los principales aspirantes a deportistas, los adolescentes y niños, y sus padres, que proyectan desde una idealización que no es más que un subproducto del consumo del espectáculo de lo deportivo.

Estamos asistiendo a una era en la que la inclinación por lo deportivo es cada vez más un hecho de mercado y se aleja de los postulados de bienestar, ocio productivo y salud con la que la idea de deporte fue gestada.

Quizá sea pertinente recordar que el desarrollo de la Educación Física a principios del siglo XX, tuvo como principales mentores a intelectuales que con una intención humanística fueron delimitando los principios de la praxis deportiva, entre ellos el escritor alemán Yhan, precursor de la gimnasia, el poeta sueco F Lihn, el teólogo británico T. Arnold, sistematizador del juego, el militar francés Amorós, el primero en desarrollar acciones lúdicas en cuarteles, personas que más allá de lo deportivo, reconocieron el alto grado motivacional de la acción física en la juventud.

Si tenemos en cuenta la injerencia creciente de las ciencias médicas y sociales en las últimas décadas del siglo XX, podemos inferir el nivel de complejidad que requiere hoy una mirada sobre la cuestión deportiva.

En el contexto actual, la práctica deportiva se asocia de hecho cierta idea difusa de AR, donde todos quieren ganar, y se aleja de su rol capital en el desarrollo de valores personales y sociales.

Esta situación es particularmente visible en el hecho competitivo, factor inherente a la práctica deportiva y donde el resultado se privilegia por sobre otras variables, por ejemplo el bienestar asociado al juego, a la acción sobre lo imprevisto, a la espontaneidad.

Por otra parte, es real que un aspecto básico visible del AR es el resultado competitivo. A priori ganar o perder define inversiones, políticas, poder, pero este es solo un aspecto.

Con una absoluta ignorancia de la intimidad de los procesos biológicos que definen el rendimiento, la sociedad adhiere a modos de pensar lo deportivo basado en la exclusión por el resultado, una forma de darwinismo sin finalidad, ya que el resultado deportivo en términos sociales es intrascendente, y el costo personal y social es altísimo: individuos lesionados y frustrados abundan en el medio deportivo.

En este contexto, es imprescindible desarrollar un concepto de AR útil, como movilizador de un deseo natural, el juego, y proyectarlo, tan simple como eso.

En primera instancia, y desde nuestra  perspectiva, resulta saludable cuestionar la idea generalizada de que el deporte de AR no es salud, debemos diferenciar claramente lo que es deporte de AR y deporte espectáculo.

Por supuesto que el AR transita por una línea de riesgo, pero esto solo tiene sentido para individuos que alcanzaron la madurez, y están contenidos en un programa de entrenamiento que garantiza su integridad,  cuando una persona desarrolló la capacidad de asumir claramente los riesgos de llevar un rendimiento específico a un extremo, pero aún así, en la búsqueda de los extremos, el soporte indispensable para esa tarea es la unidad biopsicosocial estable.

El AR no es salud cuando se realizan tareas extremas sin el soporte básico, un cuerpo entero, sano, desarrollado convenientemente en tiempo y espacio.

En el caso del deporte en la edad de desarrollo, vemos claramente el daño que sufren los deportistas adolescentes y juveniles expuestos a cargas que superan su capacidad de adaptación,  inevitablemente se lesionan y pasan a integrar la interminable lista de los deportistas frustrados.

Es interesante notar que la idea de salud en el AR deportivo aparece como consecuencia de su pérdida, un comentario común de los padres suena: “…pero se supone que si hace deporte está sano…”, cuando son concientes del estado de lesión de su hijo deportista.

El AR da una sola opción

En la intimidad de los tejidos, una reacción fisiológica dirigida en función de una acción deportiva depende de una sinergia compleja de variables tanto neurológicas como musculares como emocionales con un correlato bioquímico-mecánico, por resumir algunos aspectos de algo tan simple como un desplazamiento del cuerpo para dar un salto, por dar un ejemplo conocido.

La acción en AR no debería tener margen de error…

¿Cómo se construye un sistema de acción en donde el error tienda a cero?

¿Cuál es la dinámica evolutiva de un proceso que tiende a la perfección lograda a través de un individuo que aprende por ensayo y error?

¿Qué niveles de retroalimentación deben ponerse en juego?

El conocimiento en las ciencias médicas,  se desarrolló a partir de la patología, y alargó nuestras expectativas de vida, vivimos más que hace un siglo.

Lo médico, como sinónimo actual de enfermedad, coloca al individuo en una posición compleja: recuperar la subjetividad de lo normal desde un sistema de acción pauperizado por la patología.

En la enfermedad, reconocemos claramente la imperfección, está categorizada, y en la búsqueda de la recuperación de la “normalidad” es que podemos establecer un paralelo con el entrenamiento deportivo, y  aproximarnos a una idea más compleja del AR.

Como en la patología, una persona enferma que debe recuperarse, curarse, el AR se define en la búsqueda de lo singular, un camino único para un individuo único, respaldado por el conocimiento generacional.

En la patología, vamos a hablar de patología asociada al movimiento, de origen neurológico o metabólico o traumatológico, la acción vinculada al uso del cuerpo en lo cotidiano, encontramos a un  individuo, una persona, que está por debajo de sus posibilidades históricas, no puede caminar, o no puede alimentarse por sus propios medios, no puede girar en la cama, un número muy extenso de limitaciones instaladas brusca o insidiosamente.

En líneas generales, todos los procesos patológicos instalan alguna forma de limitación, ya sea a nivel funcional o vinculada al sistema efector, el sistema  muscular.

En todos los casos, existe una influencia directa o solapada sobre la actitud postural y limitaciones en el desplazamiento, ir hacia, recorrer una distancia, siempre de manera interesada, no es más que una proyección de nuestro cuerpo, de nuestros deseos y necesidades.

Si tomamos como ejemplo un proceso de rehabilitación de origen neurológico, central o periférico, tendremos como sustrato del proceso de recuperación una alteración del tono, una ruptura de la eutonía hasta entonces presente, esto es un nivel de equilibrio dado a partir del cual el individuo “funciona”.

El equilibrio, condición básica para el aprendizaje, para cualquier forma de aprendizaje, intelectual o físico, es la herramienta inicial.

La quietud, la estabilidad, la simetría en un nivel básico (decidimos desde la asimetría) permite al SN enfocar en el factor desestabilizador que representa la inminencia de la novedad.

El AR es un  continuo de selección de la mejor opción posible, y el nivel de selección siguiente se monta la posibilidad de elegir esta, la secuencia neurológica asociada (a factores internos y externos) más efectiva, en un sustrato de posibilidades coordinativas de alta eficiencia.

Normalmente, las secuencias sinápticas “nuevas” son frágiles en cuanto a permanencia, el aprendizaje gestual, engramas motores en archivo,  se cimenta en la repetición, y esta fragilidad es inversamente proporcional a la percepción del registro de la acción, niveles de subjetividad asociados a la praxis de la acción.

El grado de especificidad que el AR exige no da una segunda opción, el sistema debe recuperarse completamente para sostener esta posibilidad.

En el AR el individuo cuenta con la integridad del SN, en la patología, esta integridad esta dañada.

Desde el nivel más simple, la cantidad, están planteadas las dificultades para el reaprendizaje: el individuo lesionado cuenta con menos unidades motoras. Pero el SN no es solo un bagaje de células especializadas, es un campo relacional, y en el SN lesionado están rotos lo puentes que vinculan los innumerables elementos que hacen a la gestualidad,  la vivencia de un gesto tan simple como tocarse la cara.

Construir, desarrollar una gestualidad, nunca es totalmente nuevo, el cuerpo siempre recurre a su registro de experiencias, pero en la patología el individuo debe reconstruir modos de desplazamiento conocidos con secuencias sinápticas nuevas, nuevos caminos neurológicos para una gestualidad semejante, donde la memoria de la acción no puede encontrar las vías de manifestación gestual, los puentes están dañados, los automatismos de soporte no se reconocen.

En un ACV, por ej., hay daño neuronal definitivo en un sector más o menos variable, hoy la topografía de las lesiones cerebrales puede conocerse con mucha precisión. En torno a la zona definitivamente dañada, se establece lo que conocemos como “zona de penumbra”, esto es, tejido nervioso que puede evolucionar hacia la recuperación o a una lenta forma de necrosis por falta de activación. Esta topografía de la lesión está dada principalmente por factores circulatorios que circunscriben el foco lesional.

El tiempo de recuperación es variable, incluso años, y lento, la cantidad de tejido recuperado depende directamente de la calidad del proceso de rehabilitación, la actividad gestual que por vías retrógradas influyen sobre la dinámica celular.

 

Como ante un joven con características favorecedoras  para una práctica deportiva, por ejemplo la velocidad,  una persona con una patología identificada nos obliga a desarrollar un programa de carácter anticipatorio, singular, un planteo de hipótesis con base en las características individuales y los factores patológicos (en un ACV, aumento de tono flexor en extremidades superiores, etc.) asociadas a la posibilidad, el riesgo,  de éxito o fracaso, y con la obligación profesional de mantener la integridad del individuo, un programa estable, sostenido en el tiempo, y flexible, en un rango de modificación de variables dada por una dinámica de retroalimentación constante entre la experiencia gestual diaria y nuestros supuestos teóricos.

 

Como en la salud, el SN lesionado evoluciona por saltos, picos de acomodación en base a la acumulación de estímulos en secuencias específicas, carga de trabajo transformada en unidades de información reconocibles.

Esta acumulación de información funciona por niveles, capas, en donde a la manera de un palimpsesto, un texto se escribe sobre el anterior, manteniendo la información previa en un nivel subterráneo, automatizable.

Cada gesto nuevo se sostiene en la automatización del anterior, una vez alcanzada la comprensión de la acción, esta debe, debemos hacerlo pasar rápidamente a modos de automatismo.

El SN Extrapiramidal libera de carga conciente al sistema, coordinando la tareas de base que hacen a la gestualidad compleja, integrando estímulos provenientes de distintas fuentes favoreciendo así los automatismos de actividades como la marcha, correr 100m  o llevar un tenedor a la boca (con algún bocado, claro).

Esta función del SE tiene como base la repetición depurada de un gesto, ahorra energía (las neuronas piramidales, las motoneuronas alfa, consumen más glucosa por unidad) pero fundamentalmente le permite a la conciencia liberarse de lo obvio para atender situaciones complejas, externas, asociadas a la acción, como decidir adonde hacer un pase de fútbol o cruzar una calle sin ser atropellado.

 

Tanto en la rehabilitación como en el AR se diseña la tarea desde la anticipación, resoluciones metodológicas de  una situación dada hoy previendo, hipotetizando lo que puede ocurrir años adelante.

Los picos evolutivos, el momento en donde lo metodológico cambia de comando, está dado por singularidades, resoluciones gestuales que solo le pertenecen a ese individuo, y requieren atención constante de nuestra parte. Hablamos de la vivencia de la facilidad, el camino más efectivo es el más fácil si hablamos de AR, el de menor costo energético y con máxima capacidad de retroalimentar al sistema, una pequeña revolución neurológica, silenciosa, una confluencia simultánea de información de diferentes canales, una representación de la totalidad en un gesto, una verbalización, una expresión a veces fugaz en el continuo de un largo proceso, y debemos estar ahí para detectarla.

 

Equilibrio, postura, acción en el AR y la patología

En la búsqueda de los extremos, la perfección transitoria del AR (un récord solo es válido hasta que alguien lo supera ) y el largo proceso de una rehabilitación hay mucho en común.

El nexo entre estos extremos es el Sistema Nervioso, en gran parte todavía un misterio por resolver, donde cada descubrimiento resulta tan transitorio como los récords deportivos.

El acceso a esos misterios es siempre una elipsis, el SN nos cede información a la distancia, desde la interacción con nuestro entorno, de incidencia del cuerpo en el espacio inmediato y su proyección, en fin, lenguaje corporal asociado a intereses específicos .

Las conductas están definidas, sostenidas, en ese lenguaje específico generado en la experiencia, la repetición interesada, correr 100 mts. o coser un botón requieren ambos de un alto nivel de coordinación, y por supuesto que no se trata de igualar todas las experiencias, pero el sustrato neurológico es semejante: redes sinápticas actuando en simultáneo en una sinergia tónico-fásica, sostenida en red y tremendamente elástica, susceptible de adaptarse inmediatamente a cualquier variación del medio.

Toda forma de acción se apoya en automatismos de sostén

La calidad técnica, lo ejecutivo, tiene relación directa con la capacidad del SN de abstraerse de la conciencia de las coordinaciones de estabilidad que “abren” el camino a la ejecución técnica.

Cuando hablamos de “una persona equilibrada” no nos referimos a que puede pararse en un pie, estamos hablando de cómo influye su presencia en nosotros, que transmite desde lo postural. Pensemos en como nos impresiona desde lo postural una persona que sufre una hemiplejía.

El equilibrio no tiene sentido como hecho aislado, representa la plataforma desde la cual actuamos y aprendemos. Su desarrollo sigue pautas reconocibles y cada nivel de acción exige un piso de equilibrio mínimo indispensable.

La quietud es un logro altamente evolutivo, con implicancias complejas. Se trata de un estado en el que la capacidad de absorción de información del entorno es máxima. La quietud absoluta no se da en el organismo vivo, cuando hablamos de quietud en un deportista de elite hablamos de alguien con la capacidad de procesar información del entorno a altas velocidades sinápticas;

Un jugador de tenis de elite refiere que “ve la pelota quieta” en el instante previo al golpe.

Entonces, cuando hablamos de quietud nos referimos a una gran estabilidad  bio unipodal que permite una gran actividad mental durante la acción.

La rehabilitación sigue pautas ontogenéticas, el individuo se verticaliza gradualmente, después de una cantidad variable de ejercicios de colchoneta, en cuadrupedia, hasta llegar a la bipedestación. Por regla, buscamos bipedestar cuanto antes al individuo.

La bipedestación es el primer gran paso de estos procesos. Esta postura por si sola ya es un reorganizador integral de las sensaciones del individuo, la gravedad actúa reorganizando las curvas en la columna vertebral (recordemos que en una lesión neurológica el individuo puede pasar meses en posición horizontal), las articulaciones proximales de miembros reencuentran los estados funcionales primarios, la mirada proyectada hacia el horizonte permite reaprender el espacio mediato y se convierte en generadora de la necesidad del desplazamiento.

 

En esta etapa es particularmente visible el costo del sistema por alcanzar y mantener el equilibrio. En rehabilitación y AR alcanzar y mantener son mundos diferentes.

La ontogenia del equilibrio está condicionada por lo ambiental, cada individuo desarrollará variables en función de sus necesidades, esto es , siempre hay una tendencia a la especificidad, es natural, nos pasamos la vida seleccionando.

Un niño, joven, a priori estándar, candidato al AR, debe rehabilitar su sistema postural, o, en mejores términos, prehabilitar al sistema para una demanda futura, y,  como en la rehabilitación, el entrenamiento debe seguir pautas ontogénicas.

La evolución no permite saltarnos etapas, es ley natural.

En este punto, el de partida, es donde se juega la calidad futura, por que?

Si bien todos nos parecemos, en la intimidad de los tejidos de cada uno de nosotros ocurren algunas diferencias, el pensamiento, la actividad mental, las ideas generan movimiento celular, y este movimiento celular tiene siempre una tendencia hacia lo específico, definiendo un tono muscular, estados emocionales en la dirección de nuestros intereses.

El modo en que un individuo se para, está de pie,  facilita un modo de desplazamiento, y cada deporte exige modos específicos de desplazamiento. Por lo tanto, si tengo a un niño “que tiene condiciones” para el tenis, entonces debe actuar, sentir como tenista, y eso no depende de enseñarle un buen revés, sino en instalarle un desarrollo continuo de equilibrio dinámico que le permite sostener la precisión ante un continuo de aceleraciones positivas y negativas a nivel global y segmentario.

La técnica de un golpe es apenas un recurso de supervivencia específico, pero que no tiene sentido como hecho aislado.

El desarrollo de las metodologías apropiadas a este fin nos lleva otra vez a la rehabilitación.

La rehabilitación exige la conciencia de la postura, la discriminación de que estructuras musculares se ponen en juego, el lesionado neurológico construye un nuevo equilibrio, y con base en la ontogenia, al igual que nuestro tenista de 12 años, desarrolla un equilibrio específico, llega a ponerse de pie siguiendo un camino único, el que puede encontrar en los pedazos que quedan de lo que fue, de ahí en más será otro.

Como vemos, las posibilidades de frustración son altas, no hay otra posibilidad que el éxito, y este es un riesgo que debemos tomar habiendo analizado y generado una opción para el peor pronóstico.

Nos mantenemos equilibrados gracias a lo se conoce como “trípode de sustentación”, esto es información propioceptiva, visual y laberíntica.

Un proyecto de AR debe tratar al deportista como un lesionado neurológico, en cuanto a la exigencia del estímulo.

El tejido nervioso no basa su evolución en el tamaño o la cantidad de neuronas, sino en la dinámica entre estas células: las sinapsis y las velocidades de transmisión de unidades de información.

 

¿Cuánta información propioceptiva requiere nuestro tenista?: toda.

¿Cuánta información propioceptiva requiere nuestro lesionado neurológico?: toda, porque incluso eso no es suficiente.

¿En que sostenemos esta exigencia?: en una idea, un deseo, una necesidad,  es todo lo que tenemos en los dos casos, y es razón suficiente para iniciar el proceso.

Entonces, la metodología, la densidad de la carga, es un hecho crucial, el margen de error debe tender a cero.

Tenemos una ventaja natural: el equilibrio es perfeccionable siempre y los tiempos de asimilación de carga son cortos, el equilibrio evoluciona en el día.

 

Volvemos al par de supervivencia alcanzar y mantener, ¿como mantener un piso alto de estimulación integrada en el trípode de sustentación?: trasladándola, ampliando la red sináptica a los intereses específicos del individuo, en uno, hacia el juego, en el otro, hacia lo que se conoce como AVD, actividades de la vida diaria.

El pasaje de los estímulos “aislados” a una actividad concreta, mediada por la necesidad o el deseo, facilita la automatización e instala esa nueva red sináptica en ganglios basales , cerebelo y centros del tronco cerebral, SN Extrapiramidal, que modulan los tonos de base para esas actividades.

En la repetición sostenida y correcta de estas coordinaciones cimentamos la automatización y subimos un nivel nuestra percepción de los acontecimientos, la repetición es la clave de la facilitación neuromuscular, y organiza la dinámica sustrato-enzimática.

La relación entre engrama motor y fisiología de los tejidos protagonistas es clave, no hay margen de error, el sistema se retroalimenta de su propia producción.

Una vez detectada la secuencia neuromuscular correcta para un gesto, la tarea del AR y la rehabilitación pasa por la repetición, ¿cuánto de cada ejercicio?: otra vez, todo lo posible. La voluntad de acción se pone en juego como variable de la densidad de carga.

Por poco heroico que parezca, la voluntad tiene mucho de costumbre, el desarrollo de la voluntad es lento, debe acompañar los procesos de maduración, tiempos biológicos retroalimentados por una correcta densidad de carga, es la capacidad que tiene un sistema de permanecer en una situación manteniendo el interés.

 

¿Cómo condicionar a un individuo por la efectividad, y  más aún, como transformar ese condicionamiento en conducta libre y espontánea? Todos sabemos, todos lo vivimos alguna vez,  la capacidad de resolución motriz aumenta en el disfrute de las situaciones de juego. Si la efectividad se relaciona con estados anímicos positivos el costo para el sistema disminuye, se liman las resistencias internas y se abre un espacio para la singularidad.

En la repetición del bienestar aparece la costumbre por estar bien, hasta parece tonto plantearlo, pero cuando escuchamos hablar de AR o rehabilitación siempre hay referencia a palabras como dolor, sacrificio; frases como  transpirar hasta la última gota, respirar hasta el último aliento, etc, las historias que recibimos son siempre heroicas, y obviamente estamos siendo manipulados por una idea que no nos pertenece.

Nadie necesita ser un héroe, y nadie realiza un esfuerzo supremo si no está preparado para ello.

Las historias de récords o rehabilitaciones extremas tienen un fuerte basamento en la costumbre, conductas que se repiten día a día, en silencio, sin estridencias.

Cuando un individuo, deportista o víctima de un ACV realiza un ejercicio dado, metodológicamente correcto, se “corre” de dimensión, la actividad física bien planteada tiene capacidad elíptica, nos libera del objetivo mientras trabajamos en él.

Y cuando un chico quiere seguir jugando aunque esté agotado no se trata de voluntad, no hay esfuerzo volitivo conciente, simplemente quiere más porque está inmerso en ese juego, su voluntad es puro deseo, no hay esfuerzo, se trata del placer de estar en otra dimensión.

Esa conducta infantil es la llave, porque respeta la ontogenia, porque disfruta, porque toma el juego como modificador de su realidad.

 

En nuestra capacidad profesional para redimensionar la situación de entrenamiento o rehabilitación está la respuesta al interrogante de cuánto puede dar un individuo en pos de un objetivo tan ambicioso como es el AR o volver a caminar, y nos permite evolucionar con él.